Club Marítimo de Mahón (1)

MUNDO NÁUTICO

Una veterana Sociedad deportiva

El Club Marítimo de Mahón (1)

Gallardete característico identificativo

Mucho ha llovido desde que fuera creada la entidad merced a los desvelos de diferentes grupos de entusiastas por la mar, básicamente en la práctica de la navegación a vela y la pesca deportiva. Desde finales del siglo XIX, allá por 1890 venía funcionando ya en Mahón una delegación de la Liga Marítima Española, que se encargaba de organizar diversos actos sociales y manifestaciones náuticas que agrupaban a gentes de todo tipo y condición cuya única premisa era que fueran amantes de la mar. Y a los años treinta corresponde el primer documento escrito con que se cuenta de la historia del Club Marítimo de Mahón, que naciera paralelo a la citada sociedad y del que se dijo estar formado por un grupo de disidentes, o cuanto menos, inconformistas con la misma. Se trata este documento de un pequeño librito que definía el reglamento por el cual debía de regirse la sociedad en aquella época el cual, era tan riguroso en esencia, que por los mismos socios sería denominado familiarmente como “Bando de la Moral”. Véanse, si no, algunos de los artículos contenidos en el mismo:

Tendrá por objeto fomentar entre sus asociados los deportes del mar en sus diversas manifestaciones, excursiones marítimas, ejercicios en las playas, pesca, natación y todo lo concerniente con el Sport Náutico, a fin de que sus asociados puedan disfrutar del medio ambiente marítimo, en beneficio de su salud y en honesto esparcimiento

La Sociedad será completamente apolítica, prohibiendo dentro de la misma toda conversación de índole Política o Religiosa

No siendo el lucro móvil que impulsa a esta Sociedad, en las fiestas que celebrare, se procurará destinar sus beneficios o parte de ellos, si los hubiere, a alguna obra social o filantrópica cuyo fin sea la protección del Marino viejo o inválido

Queda prohibido remar o patronear embarcaciones de paseo y otras que lleven socios o sus familias, en trajes de baño o en ropas interiores, permitiéndose solo el uso de pantalones largos o camiseta de sport

En las embarcaciones que solo las tripulen socios que se entrenen o corran regatas se permitirá el uso de pantalones cortos y camiseta de sport

El nombramiento de la Junta Directiva se hará por votación secreta en Junta General, siendo los cargos honoríficos, gratuitos y obligatorios

“Sa Lliga” o sus inicios dependiendo de la antigua Liga Marítima (Joan Bagur Truyol, Fotos Antiguas de Menorca)

Algunos de estos artículos sin duda harían sonreir a más de un lector de los tiempos actuales, pero así nació este apéndice de la Liga Marítima Española, conviviendo ambas entidades por un tiempo hasta que don Juan Florit Fernández, tras la Guerra Civil española, decidió conjuntamente con un grupo de amigos unirlas en una sola sociedad, juntando los rescoldos de ambas, tomando ya definitivamente el nombre con el cual ha llegado hasta nuestros días. Ello sucedía a principios de 1944, cuando la Junta Provincial de la Liga Marítima Española en Mahón, en vista de la desaparición definitiva de la Junta Central de dicha Sociedad y teniendo en cuenta que ésta había llevado siempre la iniciativa en cuantas actividades deportivas náuticas se habían celebrado en nuestro puerto, acordó gestionar su ingreso en la recién constituida Federación Española de Clubs Náuticos.

Sa Lliga, 1920. Entrega de bandera a un submarino de la Armada (Antoni Salord, Fotos Antiguas de Menorca)

En sesión extraordinaria celebrada el día 19 de mayo de ese mismo año, se acordaría la transformación de esta sociedad en el Club Marítimo de Mahón, adhiriéndose a la citada Federación la cual, a su vez, dependía de la Delegación Nacional de Deportes – Comité Olímpico Español. El propio Florit matizaría que podía haberse denominado perfectamente Club Náutico Mahón, siguiendo la tendencia mayoritaria en este tipo de sociedades, pero creyó, a la vista de las actividades que se pretendían realizar y en base a su ubicación, en una isla y junto al mar, que “Marítimo” resultaría mucho más apropiado. En la misma junta se aprobaba que fuera primer presidente el propio don Juan Florit y se adoptaba como gallardete el mismo que perteneciera a la anterior sociedad que utilizaba el nombre de esta ciudad. En el mismo se incorporaba el escudo de Mahón, tras obtener la preceptiva autorización municipal. El 11 de marzo de 1945 se reunían los miembros que iban a formar la primera junta, iniciando una nueva andadura a lo largo de la historia cuajada de éxitos, muchos de nivel y proyección internacional pero, para ello, tendría que navegar un largo recorrido cuajado de todo tipo de escollos e inconvenientes que, merced a la pericia de sus dirigentes y el apoyo que en todo momento prestaron sus socios y la ciudadanía en general, la han mantenido viva hasta nuestros días.

Don Juan Florit Fernández, Primer Presidente (Archivo Club Marítimo de Mahón)

En todo este tiempo, como en toda sociedad con fuerte arraigo y que se precie, han desfilado por la misma los personajes más variopintos, desde los que han dejado huella merced a sus condiciones humanas e innegable personalidad, como los típicos de una época determinada o del momento, que han protagonizado las más dispares anécdotas. Y como todo Club de ámbito náutico o marítimo, ha tenido que luchar para evitar el calificativo de elitista que indefectiblemente suele acompañar a este tipo de entidades, algo que ha venido siendo una preocupación constante en todas y cada una de sus juntas, que han procurado mantener sus puertas abiertas de par en par a todas las ideologías y clases sociales que sintieran una misma devoción: el amor a la mar y a la navegación. Tal premisa estaba recogida en uno de los principales artículos de los Estatutos, que se ha mantenido plenamente vigente hasta nuestros días.

Aquella primera junta estuvo compuesta, además de don Juan Florit, por don Rafael Roselló Olivar, don Andrés Ortiz Font, don Miguel Florit Cortiella, don Higinio Andreu Coll, don Amado Clar Pujol, don Manuel Obrador Casasnovas, don Juan B. Gomila Company y don Vicente Marí Marí. Su primera reunión se celebraba en la sede del casino La Unión, pues se carecía de local social donde llevar a cabo las actividades, lo que se convertiría en primer objetivo de los allí reunidos, aunque pasarían varios años hasta ver logrado su sueño. Se disponía, eso sí, de un pequeño local alquilado en el punto en el cual se ubican las actuales instalaciones, en el Moll de Llevant (bautizado tras la Guerra como Andén de los Mártires del Atlante), el cual precisaba de unas reformas urgentes para poder adaptarlo a las necesidades del momento. Pero allí no había ni dinero, ni materiales de construcción, ni nada de nada.

Pero permítase hacer un inciso sobre las competiciones puramente náuticas que se llevaban a cabo por aquellos años. Mahón, que como es suficientemente conocido poseía un prestigio universalmente reconocido de buenos carpinteros de ribera (mestres d’aixa), construía un tipo de embarcación de madera, pesada, de popa en espejo y proa recta, ligeramente inclinada hacia atrás la cual, con una simple observación del práctico en la mar, se sabía si era un “Femenías”, un “Petrus”, un “Albercoq”, etc. Se trataba de una generación de embarcaciones bastante pesadas, de navegar lento y poseedoras todas ellas de un atractivo especial. De hecho, todavía se pueden ver navegando por estas aguas a algunas de ellas, lo que denota su indudable calidad tanto en construcción, como en los materiales empleados al haberse convertido en centenarias piezas de museo. Aquellas embarcaciones disputaban regatas a vela en la Plana de Calafiguera que hacían las delicias de los mahoneses, aunque eran escasas en número y de maniobras complicadas. Entre ellas estaban las Bellíssimo de don Antonio Ferrer Canús; Magda, de don Francisco Buenaventura (denominada posteriormente Ignacia, al ser adquirida por don Armando Carreras Sintes); Victoria, de don Pelegrín Rita Taltavull, Ernesto, de don Ernesto Tudurí García y también existían las populares téquines, de reducidas dimensiones, algunas de ellas con proa y popa exactamente iguales y de base completamente plana, que también disputaban sus pruebas con no menor emoción: Isabelita, de don Antonio Piña; Virgen del Carmen, de don José Doménech Landino; Palmiro, de don Vicente Andreu, o Pedrito, de don Evaristo Cardona.

Regata de”Místicos” (Toni Ferrer Adrover, Fotos Antiguas de Menorca)

Pero la revolución vino cuando, tras llevarse a cabo una regata a vela entre Barcelona, organizada por el Real Club Náutico de dicho puerto y Mahón, en 1943, a bordo de uno de los cruceros participantes se pudo observar un tipo de embarcación deportiva diseñada y construida puramente para la competición que llevaba por nombre de serie el de un ave marina: el snipe. El modelo constituía clase internacional y quienes observaron sus evoluciones por las aguas mahonesas no pudieron ocultar su admiración por embarcación tan rápida como ligera y de estilizadas líneas. El socio don Juan Victory Manella decidió comprar uno al que bautizó con el nombre de Tauro que más adelante sería expuesto en el local comercial del directivo señor Obrador, en la Calle Nueva. La Junta decidió adoptar este tipo de barco para sus competiciones y pronto encargaron a los artesanos locales, hasta entonces constructores de bots, mistics y téquines a cambiar planos y adoptar el de un modelo de snipe para construir varias unidades.

El siguiente paso sería adquirir en Palma un barco completo que serviría como modelo. Fue bautizado con el nombre de Antares que, más adelante y cumplidos los objetivos, sería sorteado entre los socios. Las papeletas fueron vendidas en número de 2.000 a cinco pesetas unidad. El precio de coste fue de 7.000 pesetas. El problema vino a la hora de pagar la factura a Astilleros de Palma ya que la recaudación de la venta de papeletas hasta entonces vendida no cubría su costo, teniendo que concertarse la primera operación de crédito de la entidad para poder saldar la factura. Los primeros barcos que se construyeron por los artesanos menorquines fueron el Maribel para don Angel Mezquida Crespí; el Simbad, para el propio Club Marítimo que lo sortearía entre sus asociados correspondiendo a don Juan Mezquida Crespí. Hubo un tercero que no llegaría a hacerse realidad mientras que don Juan Florit, por su parte, construyó el Concha. Más adelante serían incorporadas nuevas unidades, constituyéndose prontamente una flotilla que navegó con no pocos éxitos bajo la denominación de “Flota Divisionaria de Snipes nº 38”, de la que sería nombrado capitán el propio señor Florit. Secretario fue don Fernando Cuartero y Medidor de Flota don Andrés Ortiz. A finales de 1945 disponía ya de 13 embarcaciones, habiéndose unido a las anteriormente citadas la Maripi de don Fernando Cuartero; Aro de don Juan Sintes Bagur; Drago de don Luis Carmona Fábregas; Eolo de don Juan Socías Montís; Albatros de don Mateo Zaforteza Socías; Argonauta de don Antonio Mir Orfila; Llebetx de don Gabriel Seguí Mercadal; Quinini de don Bartolomé Hernández Mora y Tundra de don José Marqués Talet. Con ello a inicios de mayo de ese mismo año se formalizaba el primer calendario oficial de regatas de la Clase. A partir de entonces se fueron confeccionando los correspondientes calendario anuales sin menosprecio de las clases precedentes de botes místicos y téquinas, amén de la organización de regatas-crucero con todo tipo de embarcaciones hasta las calas y playas elegidas, cuyas derrotas suponían auténticas aventuras para la época. También, y en según que pruebas fueron incorporándose tripulantes femeninas, lo que supondría para sus congéneres un hito en aquellos tiempos que corrían. También la Estación Naval y el Ejército se harían con varias embarcaciones participando en todas las regatas en una especie de hermandad que se prolongaría por espacio de varias décadas, como los Binibeca, Binicous y Dos de Mayo, con patrones de reconocido renombre en el mundo de la vela como don Pelegrín Rita Taltavull (E. Naval) y don Francisco Miret (Regimiento Mixto de Artillería nº 6”).

Regata de Snipes a Cala Alcaufar apoyados por el remolcador de la Base Naval RP-25 (Archivo Club Marítimo de Mahón)

Nos encontramos en 1945, el Club continúa celebrando reuniones para planificar su futuro y dispone de una flotilla de la clase internacional Snipe que comienza a cuajar rápidamente entre sus socios más lanzados. Pero no por ello pierden protagonismo los botes místicos, téquinas y demás que, en impresionante flotilla, continúan los veranos con sus regatas-crucero hasta las playas de Alcalfar, cala Mesquida, Es Grau y alguna más. Estas regatas son acompañadas por los botes de diversos socios, mientras que por tierra se contratan los escasos autobuses o carros y calesas tiradas por caballos para ir a la playa correspondiente y pasar una alegre romandre con los familiares y amigos participantes.

También se unen a ellos las canoas movidas a remos compitiendo tres equipos, el de Falanges Juveniles de Franco, Club Deportivo Alcázar y el propio Club Marítimo de Mahón, manteniendo la ya sólida tradición de las regatas organizadas en las fiestas de San Pedro y Ntra. Sra. de Gracia, así como la de Santa Ana, organizada por la población vecina de Es Castell. La flotilla de Snipes acude a los campeonatos celebrados en Mallorca y, así, el ambiente en general comenzaba a ganar fuerza superando lentamente pero con paso seguro, todos los avatares acaecidos durante la Guerra Civil y que tanto afectarían a Menorca.

Una regata que fue comentada durante largo tiempo se celebró entre los días 18 y 20 de agosto con destino a Ciutadella, con una participación de 10 snipes, 7 de la Flota Divisionaria del Club y 3 de la Flota Divisionaria de la Estación Naval. También se sumaron el balandro de 8,5 m. de eslora y clase internacional Mouro, de don Joaquín de Delás, los guairos Mare Nostrum de don Juan Florit, patroneado por su hermano don Alberto, y Gloria, de don Antonio Lliteras, patroneado por don José María Andreu, así como el bote Mayo, de don Juan Ortiz. El servicio de protección fue encomendado a las embarcaciones Delfín, el precioso llaut cabinado de don Miguel Florit Cortiella; Lida, de don Juan Socías y la lancha automóvil de Sanidad Nacional, a cuyo bordo efectuó el viaje el director de Sanidad el doctor don Francisco Aristoy, acompañado de personal del centro. A su vez, todas ellas, embarcaciones participantes y de seguridad, estarían convoyadas por el remolcador de la E. Naval RP-25, embarcando en el mismo el general don Miguel Ponte y Manso de Zúñiga con don Francisco Núñez, jefe de la Estación Naval, el comandante maquinista don José Gilabert, varios oficiales y el Jurado de Regata. Momentos antes de darse la salida, la zona de Calafiguera presentaba un aspecto impresionante y multitudinario de gentío.

Bautizo del snipe Concha, construido en Mahón (Archivo Club Marítimo de Mahón)

De Mahón hasta la cala de Santa Galdana (1ª manga), se invirtieron 8 horas y 50 minutos (24 millas). Los snipes la cubrieron en 6, mientras que las otras embarcaciones en regata necesitaron 7. El primer snipe en cruzar la línea de llegada fue el Binicous de don Pelegrín Rita (E. Naval), seguido de Maribel (C. M. Mahón), de don Angel Mezquida, que estuvo patroneado por don Miguel Pons y el Binibeca, patroneado por don Gregorio Bernal (E. Naval). El Simbad, de don Juan Mezquida y el Concha, de don Juan Florit, rebasaron la cala de Santa Galdana, sin virar, yendo a buscar refugio a Macarella y, el Llebetx, de don Gabriel Seguí, patroneado por don B. Orfila, que lo haría en Cala en Turqueta. El Aro, de don Juan Sintes volcó poco antes de cruzar la línea de llegada y el Maripi, de don Francisco Cuartero, rompió uno de los herrajes de su timón poco antes de llegar, quedando sin gobierno. El Eolo, de don Juan Socías, también lo partió cuando se hallaba al través de Arenal de Son Bou, mientras que el Binidalí, perteneciente a la flotilla de la E. Naval, quedaba sin gobierno frente a la cala de Alcalfar. Del resto de embarcaciones participantes en la regata en sí, tan solo cubrieron el recorrido el Mouro y el Mare Nostrum. El Gloria tuvo que buscar refugio en Calascoves, mientras que el Mayo, desarbolado por una fuerte racha de viento al intentar retirarse de la prueba para ganar el refugio de la costa, quedó a merced del temporal hasta que pudo ser auxiliado por el personal de la batería de costa de Llucalari, interviniendo en el salvamento cinco artilleros que prestaban el servicio en la misma: Salvador Navarro, Martín Nogués, Blas Marco. Miguel Valero y Miguel Zayas, quienes serían premiados con dos meses de permiso, la Medalla de Plata de Salvamento de Náufragos y una gratificación en metálico. Los cinco jóvenes salieron de la caleta de Llucalari a bordo de una pequeña embarcación y tras siete largas horas de duros esfuerzos y poniendo en grave riesgo sus propias vidas consiguieron su objetivo pasadas las dos de la madrugada, habiendo estado auxiliados mediante un proyector del ejército manejado desde lo alto del acantilado. Finalmente consiguieron remolcarlo hasta la mencionada caleta.

La segunda etapa, cala de Santa Galdana-Ciutadella, se efectuó en plan crucero. A las ocho de la mañana salían todas las embarcaciones, yendo remolcadas las de competición hasta doblar el Cap d’Artrutx, donde izaron sus velas y navegaron las 14 millas restantes hasta llegar a puerto. Fueron recibidos por una gran nube de aficionados, familiares y autoridades, siendo agasajados por la tarde con un concierto en el teatro del Círculo Artístico organizado por los Amigos del Arte. Por la noche y en el parque de los pinos, tuvo lugar el reparto de premios que correspondieron a los tres primeros clasificados en la primera etapa. Esta regata se había planificado contando con la bonanza meteorológica natural del mes de agosto, pero por efecto del viento de SW y la mucha mar levantada por el mismo, la prueba resultó muy dura para las tripulaciones de los snipes, consiguiendo que los regatistas tuvieran que imponerse a tan adversas circunstancias y cubrir la primera etapa con pleno éxito, demostrando con ello un gran espíritu deportivo y dominio de la embarcación.

Durante la temporada de regatas de este año comenzaría también el personal femenino a tomar parte en las mismas, bien formando tripulaciones mixtas en las que tomarían el rol de patrón o tripulante, o también con tripulaciones enteramente femeninas. Las pioneras en este deporte fueron las señoritas María Rosa Lliteras, Marga Gómez, Cristina Adame, Luisa del Amo, Paquita Mir, Ángeles Sánchez-Rodrigo, Tere Maspoch, Maribel Aristoy, Antoñita Mezquida, Pilar de Vidal, Rosa María Cano, Socorro Moysi, Pepita Clará, Marianela Riera, Encarna Bernal, Angelines Mezquida, Margarita Corona, Ana María Mercadal, Amelia Briones, Mercedes Victory, Isabel Biale, Luz del Corral, Mari Luz Gómez, Ángeles Marqués y las señoritas Bofill, de Olives y Subirats.

Del equipo de nadadores: Paco Bosch, Toni Ferrer (Senyalet), Pedro Luis Mercadal y Jaime Delás (Archivo Club Marítimo de Mahón)

Pero no sólo la vela constituía la única sección deportiva del Club, puesto que ya contaba con un excelente equipo de nadadores: Francisco Bosch, Fernando Andreu, los hermanos Palomo y Francisco Grau, entre otros, eran nadadores de primer orden, que competían con el equipo de la E. Naval y el del Ejército.

El Club tenía ya necesidad de expansionarse y para ello nombraba sendos socios corresponsales en Palma y Barcelona, recayendo los cargos en don Miguel Coll Carreras y don Francisco Triay Hernández, respectivamente. Su labor consistiría en realizar las gestiones necesarias para la buena marcha de la entidad en las dos capitales

Hay que decir que tanto las autoridades navales, militares, como civiles, así como pescadores, residentes en baixamar y muchos aficionados, prestaron desde el primer momento e incondicionalmente, su apoyo a la entidad, destinada a cumplir una función social inestimable, a la par que hacer girar la vista de la población hacia el mar. Aprovechando el marco que presentaba la celebración de las fiestas patronales, se acordó llevar a cabo el 7 de septiembre una cena-homenaje al capitán de navío, jefe de la E. Naval de Mahón y Comandante Militar de Marina de Menorca, don Francisco Núñez Rodríguez, constituyendo uno de los actos más agradables y brillantes del año en el acontecer social.

No podrían por el momento, sin embargo, heredarse actividadess típicas de la desaparecida Liga Marítima cuales eran bailes y concentraciones meramente festivas y de diversión de la sociedad mahonesa. Durante la contienda bélica que no quedaba muy lejos, cerca del local social, habían sucedido los trágicos sucesos a bordo y a pie de muelle del buque de la Cía. Trasmediterránea Atlante, hechos que llevarían a la autoridad gubernamental a prohibir tales manifestaciones festivas puesto que familiares de las víctimas, ejecutadas en esa misma zona, se oponían a ello.

Aquí entraría en juego la gran responsabilidad, carácter humano y fina mano izquierda de don Juan Florit, quien se dedicaría a visitar con gran delicadeza, paciencia y tacto a los allegados de los desaparecidos, consiguiendo que, finalmente, se mantuvieran al margen de lo que pretendía ser la renacida Sociedad y las actividades que pretendía organizar, en cierto modo, como factor de reconciliación de todos los sectores. Precisamente, fechas atrás, antiguos socios habían intentado vanamente reorganizar Sa Lliga, pero la zona estaba considerada como un espacio sagrado. La carencia de actividades tendría un resultado obvio: se derrumbaría la gran actividad social alcanzada antes de la Guerra, dedicándose en estos primeros años a la organización de distintas competiciones de carácter náutico, planificación de futuro y a las “light” denominadas Reuniones de Confianza.

Las “Reuniones de Confianza” fueron abriendo paso, poco a poco, a las diversas actividades sociales

La cuota social fue establecida en una cuantía de 5 pesetas mensuales que, curiosamente, no sería apoyada por quien sería uno de los más firmes pilares de la entidad, don Miguel Florit Cortiella, que alegó que no lo hacía por considerarlo excesivo. Se dio continuidad a la costumbre heredada de la Liga Marítima de establecer un apartado de donativos por parte de los veraneantes de cara a la organización de regatas, y otro capítulo lo sería la organización de los servicios de bar y restaurante, un auténtico caballo de batalla que ocasionó no pocos quebraderos de cabeza a los dirigentes durante varias décadas. Sus precios debían de aprobarse inexcusablemente por la Junta Directiva, existiendo dos tipos de tarifas, las llamada de los días “laborables” y la de los considerados como de “festivales”.

A principios de 1946 se celebraban exámenes tras haberse impartido el primer cursillo para la obtención del título de Patrón de Yate, labor que recayó en el segundo comandante de Marina don Agustín Lledó Zaragoza, celebrándose los mismos en la E. Naval por un tribunal presidido por el propio comandante de la misma. Los primeros aprobados fueron los alumnos don Agustín Doménech Landino, don Antonio Bonet Pascual, don Gabriel Seguí Mercadal, don Rafael Alzina Vidal, don Antonio Lliteras Coll, don Juan Florit Fernández, don Simón de Sintas Rodríguez, don Jaime Obrador Llopis, don Juan B. Gomila Company, don Miguel Florit Cortiella, don Manuel Obrador Casasnovas y don Antonio Maspoch Vives.

En febrero se daba cuenta que el listado de socios registraba ya 246 miembros fijos, decidiéndose crear la figura de socio “transeúnte”, con una duración como tal limitada a tres meses. La caja, aunque pobre, por el momento estaba estabilizada. Existían en efectivo 47 pesetas y 95 céntimos, quedando por cobrar cuotas por valor de 2.500 pesetas y por pagar 1.900.

Con la llegada del minador Neptuno, a bordo del cual viajan un grupo de profesores y caballeros Guardiamarinas de la Escuela Naval Militar, se organizó un Baile de Sociedad utilizando como marco el Teatro Principal. La visita se complementaría con la celebración de una serie de regatas y una recepción con entrega de premios a bordo del mismo buque.

Era habitual la organización de competiciones náuticas conjuntamente con la Base Naval. En la imagen, a la derecha, el recordado presidente don Miguel Florit Cortiella (Archivo Club Marítimo de Mahón)

1946 fue pródigo en actividades náuticas de todo orden, celebrándose incluso regatas de nivel interinsular, organizándose una prueba con motivo de las Fiestas de Ntra. Sra. de Gracia, en las que tomaron parte la Flotilla nº 21 perteneciente a la Comandancia Naval de Baleares, la nº 37 de las Fuerzas Aéreas de Palma, la flotilla nº 24 de la Base de Hidros de Pollensa y la nº 38, del Club Marítimo de Mahón, aunque dificultades de última hora aplazarían las pruebas hasta finales de mes. Como en todos estos eventos fue establecido un Comité de Honor formado por las principales autoridades interinsulares y el Jurado de Regatas, presidido por el propio comandante militar de Marina, junto con don Agustín Lledó como vicepresidente; don Jaime Obrador Casasnovas como secretario y los vocales don Manuel Obrador Casasnovas, don Juan B. Gomila Company, don José Doménech Landino, don Francisco Buenaventura Anglada y un representante por cada una de las flotillas visitantes.

También participó la flotilla del Club este mismo año en las regatas organizadas con motivo de la inauguración del Club Nàutic Ciutadella.

A principios de septiembre fallecía el bibliotecario don Juan Francisco Andreu Albertí y, tan solo unos días después, se producía el primer acontecimiento de gran trascendencia para la entidad, primero por tratarse de quien se trataba y, segundo, por el poco tiempo transcurrido tras su refundación: la dimisión con carácter irrevocable presentada por su máximo impulsor y primer presidente, don Juan Florit Fernández.

Sus compañeros de Junta intentaron sin éxito y desde el primer momento disuadirle de tan severa decisión, pero no fue posible. Quien había sido persona de gran capacidad de convicción para los demás, artífice de la creación de la entidad en unos momentos sumamente delicados en la historia de nuestro país, y de gran sensibilidad, no se dejaría convencer por sus leales compañeros de Junta. Les agradeció, eso sí, su estrecha colaboración e incondicional apoyo hacia su persona y la entidad, rogando constara en acta. Los asistentes tan solo pudieron decir que lamentaban en grado sumo la decisión adoptada tras haber trabajado tanto en beneficio del Club: “… ya que si hoy cuenta con un gran número de aficionados a los deportes marítimos y con una nutrida nómina de socios, revelador todo de la pujanza de la Sociedad, a él casi únicamente se debe de agradecer”. El relevo, de carácter interino, lo tomó don Rafael Roselló Olivar, mientras se estudiaba proponer a la Federación el nombre del militar don José Marqués Talet para sustituirle. El hecho de que se demoraran los diversos trámites necesarios dio al traste con el nombramiento puesto que, cuando llegó la pertinente autorización, el designado había sido destinado a Barcelona en razón a su profesión, debiendo de partir de cero.

Pronto comenzará a circular el nombre de Antonio Lliteras Coll como nuevo presidenciable, un abogado y regatista activo que ejerce el cargo de jefe de la Administración de Correos de Mahón. Su hija María Rosa es también una deportista puntera y activa, pionera entre las mujeres regatistas que no solo se limita en su condición de patrón a gobernar los snipes, sino que también es capaz de hacerlo con guairos y otras embarcaciones de envergadura mayor.

Don Antonio Lliteras Coll. Adquirió el solar e inició la construcción del nuevo edificio (Archivo Club Marítimo de Mahón)

Por otro lado apremia también encontrar una solución factible para hacerse con el local que se está ocupando en el puerto, propiedad del industrial don Narciso Codina Batione, que exige para su venta una renta vitalicia de cuatrocientas cincuenta pesetas mensuales que, a su muerte, pasarían a su esposa doña Luz Alfonso. Todos los gastos que se derivasen de las operaciones de trámite burocrático, notarios y Ayuntamiento irían también por cuenta de la entidad deportiva. Para garantizar la viabilidad de la operación el Club estaría también obligado a formalizar una hipoteca sobre la finca por un importe de tres años de dicha pensión, más otras tres mil pesetas para costas, que se debería de mantener mientras subsistiera la renta vitalicia. Y si, por cualquier causa transcurrían tres meses sin realizarse el pago, sería motivo suficiente para que toda la operación se viniera abajo, revertiera la finca a sus antiguos propietarios y los compradores no tendrían derecho a recuperar cantidad alguna del importe satisfecho hasta la fecha. En fin, un contrato verdaderamente leonino que aconsejaría a sus dirigentes a mantener su condición de inquilinos hasta que se encontrara otra solución más factible.

Como dato interesante cabría recalcar que los primeros snipes que comenzaron a navegar por estas aguas, muy poco tenían que ver con los actuales. Hoy se construyen completamente en fibra de vidrio, ligeros, muy resistentes y de una calidad superior. Aquellos barcos estaban construidos en madera, disponían de cuadernas y refuerzos, palos de madera y cubierta forrada de lona pintada para darle estanqueidad, convirtiendo a la embarcación, si bien mucho más ligera que los botes místicos de estos lares, en mucho más pesada que los actuales y los que constituyeron la fase intermedia entre unos y otros, construidos con tablero marino, comenzando a incorporar palos de aluminio, desapareciendo también el forro de lona de la cubierta.

El 23 de julio de 1947 don Antonio Lliteras accedía a la presidencia nombrando una nueva Junta entrando a formar parte de la misma nuevos nombres muy vinculados con la mar como Santiago Uhler, Pedro Sánchez, Armando Carreras, Agustín Doménech, Pelegrín Rita, Juan Sturla, Rafael Quintana, Jaime Poza, Juan Melsión, Pedro Bosch y Santiago Barber, continuando del anterior equipo Miguel Florit Cortiella, Manuel Obrador, Juan B. Gomila y Amado Clar.

(Continuará…)

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