Club Marítimo de Mahón (2)

MUNDO NÁUTICO

Una veterana Sociedad deportiva

El Club Marítimo de Mahón (2)

Gallardete característico identificativo

Pero volvamos a la etapa de complicadas negociaciones que se estaban llevando a cabo con el propietario del terreno y su pequeño edificio heredado de la Liga Marítima en donde se pretendía ubicar la nueva sede social. El nuevo presidente Lliteras había iniciado un período de remodelación en el sistema de funcionamiento de la entidad que había existido hasta entonces, convocando juntas de periodicidad semanal, retocando calendarios y programando nuevas regatas-crucero. Gracias a ello se conseguiría que la sociedad fuera distinguida por tres ocasiones con el Premio Virgen del Carmen concedido por el Patronato, con sede en Madrid, como consecuencia de la labor desarrollada en pro de las actividades marineras.

Comenzaba también otra etapa de negociaciones, en ocasiones tirantes, esta vez con el Ayuntamiento de la ciudad, en vías a obtener de una vez la urbanización de la parte alta del Club, entonces ocupado por una viña, con lo que se conseguiría acortar el recorrido para que los mahoneses pudieran llegar con mayor facilidad al local. Y también lo llevaba a cabo con diversos organismos y ministerios en la capital del Estado en relación con otras diversas facetas como derechos, créditos y organización de eventos. Pero ante todo, Lliteras estaba dispuesto a conseguir el local en propiedad, las negociaciones con el propietario seguían tensas y difíciles y, para colmo, no existía dinero para poder llevarlo a cabo. Por ello, se intentaba conseguir un préstamo por parte de la Delegación Nacional de Deportes (en adelante D.N.D.), entonces presidida por el célebre General Moscardó. Tanta premura se dio a la salida del documento que llegó a la Federación Española de Clubs Náuticos, encargada de remitirlo al organismo afectado, careciendo de la firma del presidente y del sello de la entidad por lo que tuvo que ser devuelto.

La Base Naval sería, siempre, uno de los mas firmes puntales en la empresa (Jaime Martí Borrull, Fotos Antiguas de Menorca)

También se tocaron otras teclas diversas, como el ex comandante de Marina de Menorca don Francisco Núñez Rodríguez, ahora Jefe de la Escuela de Submarinos de Cartagena. Lliteras se lamentaba sobre el cambio de negociación experimentada por el propietario: “… Nada ahora de rentas vitalicias, sino veinte mil duros constantes y sonantes…”.

Sería nombrado un representante permanente en Madrid al objeto de realizar todas las gestiones, siendo el hombre de confianza del Club don Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, socio de Honor de la entidad, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar y Marqués de Bóveda de Limia.

Una vez firmada y sellada la petición, la Federación remitió nuevamente el documento a la D. N. D. con su aval: “… petición que queda avalada por esta Federación en los términos extensivos que sean precisos pues se trata de un Club que cumple fielmente todas sus obligaciones federativas y sobre todo que sus actividades son del más alto relieve y entusiasmo”.

Al fin, la D. N. D. concedió un préstamo de 25.000 pesetas reintegrables en cinco años. El Club, por su parte, aprobaba la emisión de títulos por valor de 250 pesetas cada uno a fin de tener asegurada la opción de compra.

A finales de septiembre se desataba un furioso temporal que rompería las amarras de numerosas embarcaciones de este puerto. Fueron salvadas todas excepto el guairo Gloria, propiedad del presidente Lliteras, con gran pena de sus numerosos usufructuarios, pues era hombre que solía prestarlo a diferentes aficionados a la navegación para que pudieran disfrutar de la mar. Sus restos fueron recuperados, aunque no sería posible conseguir su nueva puesta a flote, a pesar de la buena disposición del por entonces comandante de Marina de la isla don Melchor Ordóñez.

Por fin el 20 de diciembre, un sábado en que el Ciudad de Mahón había tenido que suspender su salida en viaje regular a Barcelona debido a la fortísima tramontana que había levantado mar muy gruesa en toda esta zona, se hacía efectiva la compra del local social de Calafiguera firmándose toda la documentación ante el notario señor Cano, lo que era explicado a los socios en la asamblea extraordinaria del 26, siendo unánimemente aprobadas todas las gestiones llevadas a efecto. El presidente puso entonces a consideración de todos los presentes su plan de mejora del edificio, acordándose la realización de un anteproyecto y autorizándose a la junta a llevarlo a cabo. La asamblea aprobó por unanimidad que cualquier mejora a realizar en las instalaciones pasaba por demoler la terraza de baile actual a fin de poderse construir unos almacenes que permitieran cobijar las embarcaciones de los socios, además de otras mejoras secundarias.

La compra se había podido llevar a cabo merced al préstamo de la D. N. D., al préstamo personal del socio don Dámaso Iturrioz, a la Estación Naval, Gobierno Militar y otros socios. Se tendría, pues, que continuar con la realización de distintas obras de acondicionamiento y proyectos pero, según escribiría el señor Lliteras a su amigo el señor Núñez Rodríguez: “… ahora viene el problema de las obras. Si no hacemos algo que atraiga la gente no aumentaremos el número de socios, cosa ahora necesaria para devolver el dinero recibido y para atender las obras. Yo espero que, conseguido lo que parecía una quimera, haremos lo demás. La compra puede considerarse una verdadera victoria…

Y a principios del mes de enero de 1948, como quiera que el caballo de batalla de la entidad había sido siempre el aspecto económico, además de las aportaciones voluntarias y altruistas de varios socios, cuotas y demás, tuvieron que solicitarse otros diferentes préstamos para poder jugar con la caja y continuar adelante en la, por aquellos tiempos, faraónica obra de adquisición y reforma del local. En los primeros días del mismo mes, se hacía constar el acuse de recibo de un nuevo anticipo de veinticinco mil pesetas reintegrable en cinco mensualidades concedido por la D.N.D., mientras que se recibía con decepción la negativa en la concesión de otro por parte de la Diputación Provincial. La visión de futuro de la Directiva hizo que se inscribiese a la entidad como socio del Fomento del Turismo de Menorca. Una vez llevado a cabo se acordaba, entonces, dirigirse por escrito a los organismos y empresas ajenas al Club pero que pudieran aportar su ayuda en la construcción del mismo.

En febrero de 1948 comenzaba lo que iban a ser las diferentes actuaciones que irían transformando aquel primer local hasta las instalaciones que le caracterizaron durante buena parte de su historia: adecuaciones, derribos, levantamiento de un nuevo edificio cuyas obras llevarían décadas, nuevos derribos y definitivo edificio precursor del actual.

Obras, obras y más obras que se eternizaban (Arch. Club Marítimo)

Y en el plano social (o deportivo), un personaje se haría famoso por estas fechas: don Antonio Pons Timoner, patrón del snipe Boliche II, quien por su cuenta y riesgo se aventuró y llevó a cabo en el barco y en solitario la travesía Mahón-Palma. Cuando salió a navegar ese día fuera de puerto no advirtió a nadie de sus propósitos. Ni al propietario de la embarcación. De hecho, el diario Menorca con fecha 22 de julio publicaba la siguiente nota: “Circula el rumor de que desde mediodía del jueves pasado día 17 falta de este puerto la embarcación tipo snipe nombrada Boliche II, propiedad de don Manuel Espinosa Rodríguez, la que al parecer, tripulada por Antonio Pons Timoner, salió sin avisar a nadie del viaje que proyectaba realizar. Por la autoridad de Marina se están haciendo gestiones para confirmar este rumor y averiguar el paradero de la referida embarcación”.

Por su parte y una vez conocidos todos los hechos, la Junta del Club publicaba a su vez otra nota al respecto de la que se entresacan las siguientes líneas: “… Cabe distinguir en este crucero dos aspectos, el de la imprudencia temeraria, al emprenderlo sin ninguna garantía de protección y sobre todo sin prevenir antes de sus intenciones ni a la Junta del Club ni a su familia, que estuvieron sin saber su paradero hasta recibir noticias de su llegada a Palma. El otro aspecto, único digno de elogio, es el deportivo. Puede calificarse este crucero como hazaña deportiva, tanto por la embarcación en que se realizó, como por las circunstancias en que se desarrolló, quedando bien patentes la calidad del Snipe y el valor y pericia de su patrón”.

El protagonista remitió días después al Club una nota manuscrita en que, cual diario de navegación, especificaba por fechas los detalles de la travesía llevada a cabo: “… aunque los pelos se me pusieron de punta a consecuencia del temporal logré serenarme y, en popa, pasé Puerto Colom sin poder trabuchar y entrar. Por tanto seguí y tuve la suerte de poder entrar en Porto Petro agotadísimo…” y con unas impresiones finales: “1º, que si lo intentase ocho veces más no lo lograría. 2º, Como que ya lo he hecho, no volveré a repetirlo con un Snipe. Con solo pensarlo ya me daré por satisfecho. y 3º, Lo que no pongo en duda es que los snipes demuestran y han demostrado sus cualidades”.

A finales de marzo de 1949 la entidad contaba ya con 528 socios efectivos. Los trabajos se desarrollaban lentamente pues era imprescindible conseguir cupos de hierro y de cemento, escasos en aquellos tiempos y, sin los cuales, no había obra posible. El edificio se estaba levantando y había que movilizar a la gente para que bajara al puerto y frecuentara sus visitas al nuevo local. Los accesos quedaban lejos, existían en la época pocos vehículos y, ello, representaba un serio hándicap a las aspiraciones para la intrépida Junta, dispuesta a aumentar los recursos de la entidad que permitieran programar una línea continuada en la ejecución de las obras. El camino mas corto para los que iban a pie quedaba por la parte superior del Club, que enlazaba directamente con la ciudad. Sobresale el hecho que, continuamente, se menciona que el edificio se estaba levantando en el mejor punto del puerto y ello era debido a que los campos de regatas se establecían en la Plana de Calafiguera. Hoy día esta teoría ha perdido parte de su importancia pues, normalmente, los campos de regatas se montan fuera de puerto, a no ser que las condiciones meteorológicas obliguen a realizarlo dentro. De todos modos, el punto de vista tenido en los orígenes del Club sigue manteniéndose actualmente pues no existe mejor ubicación para realizar las actividades deportivas de las clases menores y de iniciación que en su interior.

Un aspecto se ha mantenido curiosamente claro durante todos estos años a través de los diferentes presidentes y sus juntas directivas: no decaer nunca en el ánimo y no perder el temple necesario ante sus socios. Han habido etapas más o menos gloriosas, salpicadas de éxitos, y también momentos amargos de los cuales también han sabido sobreponerse, evitando la alarma social que es lo peor que le puede ocurrir a una sociedad.

En este tiempo se dieron casos dignos de señalar de instituciones y directivos que dieron mucho de sí, muy por encima del listón de lo debido, incluso en el terreno profesional, en lo que fue la construcción o reparación del antiguo edificio, desarrollando trabajos, estudios, proyectos o aportaciones de materiales totalmente altruistas (Estación Naval, Gobierno Militar, el arquitecto don Mateo Seguí Pons, el también arquitecto mallorquín Antonio Roca Cabanellas y el aparejador don Bartolomé Hernández Mora), aunque también hubo quien no tuvo reparo en pasar posteriormente la correspondiente factura, que de todo hay en la viña del Señor.

A partir de 1948 las actividades sociales habían ido aumentando tanto en participación como en frecuencia, y se tendrán que resolver diversos problemas que irán apareciendo como dotar de asientos suficientes el local para los asistentes a los actos, o la decoración del mismo mediante la aportación altruista de dos lienzos por sus autores, don Juan Vives Llull y don J. Gomila Riudavets.

Las actividades sociales, aunque muy poco a poco, iban recuperando su antiguo arraigo (Arch. Club Marítimo)

Mientras se utilizó el primero de los locales, en invierno no podían llevarse a cabo actos sociales por no estar adecuado para ello, alquilándose unas oficinas en la calle del Ángel y el Salón Consey para organizar los bailes de las Reuniones de Confianza o agasajos a la oficialidad de alguna unidad naval que visitara este puerto. De ello se encargaba una Comisión de Festejos integrada por los señores Guasteví, Rodríguez, Gomila, Rita y Sánchez. En el aspecto de material deportivo, para anunciar los tiempos de los procedimientos de salida en las regatas, se adquiría un cañoncito en miniatura a la casa Beristany, de Barcelona, con sus correspondientes cartuchos, el cual era emplazado y disparado desde la parte mas alta del Club. Mientras, se estaba en estudio de la creación de una nueva sección: el Remo.

También se dará un importantísimo paso para integrar a los mahoneses en el seno de la sociedad a propuesta del directivo don Manuel Obrador con la consolidación de la figura del Socio Deportivo, que permitirá acceder a las diferentes secciones deportivas contempladas en los Estatutos del Club a cualquier aficionado con la particularidad de que le será suprimida la cuota de entrada en el momento de tener derecho a la categoría de socio de número.

Paralelamente continuarían las gestiones necesarias para lograr la construcción por parte de la Junta de Obras de Puertos de Baleares del muelle que sirviera de refugio para embarcaciones menores a ubicar frente a las instalaciones, algo que costaría también sudor y lágrimas hasta la materialización de una pasarela de madera.

Y al tiempo comienzan a organizarse bailes de disfraces, utilizando los marcos del Teatro Principal o el Salón Victoria, con una progresiva animación de participantes ataviados de mil formas diferentes.

El presidente Lliteras insiste cerca del Ayuntamiento a inicios de 1949 en la necesidad de construir el acceso directo fácil desde la ciudad por la parte superior del edificio social. Se quiere aprovechar el hallarse en construcción la nueva residencia sanitaria que originará sin duda obras de urbanización en la zona que traerán consigo la construcción de chalets y viviendas unifamiliares de calidad. A finales del mes de septiembre la empresa propietaria del cine Actualidades ofrece el local a la Junta por si le interesa como local social en la ciudad. La oferta sería rechazada.

Con el edificio aún en construcción, el refugio de madera frente al mismo (María Florit Barber, Fotos Antiguas de Menorca)

A finales de enero de 1951 comenzaba otro largo episodio en esta historia que se prolongaría hasta los años 70: la necesidad de contar con una pequeña defensa para amarre de embarcaciones frente a las instalaciones, o lo que se conoce como espigón en “L”. Tras numerosas e interminables conversaciones se llegaría a construir una “L” fija, pero no de obra, sino de madera por lo que, de defensa para embarcaciones, nada de nada: pivotes o puntales de madera clavados en el lecho y una pasarela de tablas que se mantendría bien o mal (los temporales hicieron de las suyas), hasta llegar a la presidencia de Domingo Natta, en los años 70, en que se cambiaría por un pantalán recto de obra que se mantendría hasta su sustitución por la moderna red de pantalanes actuales.

Además de las regatas tradicionales y otras con motivo de la llegada de algún buque de la Armada o por algún día señalado, comienzan a organizarse competiciones en las que tomarán parte barcos en miniatura diseñados y construidos por los propios aficionados: se trabajaba un molde de madera y se recubría de plancha de zinc soldando entre si los diferentes planos del casco. Posteriormente se retiraba el molde y se cerraba con otra plancha herméticamente convirtiéndole en cámara de aire para asegurar su flotabilidad y, posteriormente, terminarlo y aparejarlo. Sus propietarios solían hacer las regatas por medio de sus hijos. Entre tales maquetas figuraban los Cachaza II y Cachaza III de la sra. de Clar; el Tirma de María Victoria Rodríguez; Clau de Miguel Alejandre; Jumma, de Gabriel Seguí; Nousé y Chek II de Francisco Buenaventura; Tapres y Olives, de E. Martínez; Iris, de J. Seguí; Nura, de J. Preto; Mayo II, de Juanito Ortiz; Titán, de J. Codina y, Fernando, de F. Carreras. Estos modelos, obviamente, no iban teledirigidos, pero eran auténticas obras de diseño y artesanía.

Durante la década de los cincuenta el Club había continuado en su labor de organizar regatas locales de la clase snipe participando al mismo tiempo en los campeonatos que se llevaban a cabo más allá de estas aguas. También el motor como medio de propulsión para las embarcaciones deportivas iba entrando, a su vez, poco a poco en escena, mayoritariamente a través de los populares Joyca, construidos por la, en sus tiempos, floreciente industria local Jover y Carreras, con la inestimable ayuda técnica proporcionada por el no menos popular mecánico del puerto Gori de ses motores.

El que fuera popular motor JOYCA (Jover y Carreras)

Y una vez hubo suficientes embarcaciones dotadas del motor mahonés, comenzaron también a organizarse competiciones entre ellas: Mari Luz, de don Antonio Sans; Marga Lin, de don Pedro Sánchez; Mary-Juan, de don Faustino Salom; Shanty-Andia, de don José Preto; Explorador, de don Bernardino Pons; Costa Brava, de don Francisco Juanals; Na Macaret, de don Juan Petrus y Salybel, de don Antonio Piña tomaron parte en activas y reñidas regatas.

También había sido creada una Sección de Pesca, aunque para ello se debieron proponer diversos nombres para conformar una delegación de la Federación Española de Pesca, estando al cargo de don Agustín Doménech Landino, el presidente de la Federación Provincial de Pesca en Menorca, que a su vez era el delegado de dicha actividad en el Club. Don Pedro Moreno Moncada, representante de Pesca Submarina en Menorca y don Mario Gomila Sirerol, jefe técnico del Grupo de Pesca Submarina del Club fueron otros nombres propios del momento en esta disciplina deportiva.

La Sección de Pesca agrupó inicialmente a los pescadores don Alberto Gomila Sirerol, don Mario Gomila Sirerol, don José Carreras-Moysi, don José María Andreu Albertí, don Miguel Villalonga Beltrán, don Román Bustamante Pons, don Fernando Pons Orfila, don Antonio Bustamante Pons, don Joaquín de Delás de Vigo y don Pedro Moreno Moncada.

La importancia y no menos popularidad que habían alcanzado años atrás las regatas a remo convinieron en la necesidad de iniciar las gestiones para crear una sección dedicada a esta disciplina deportiva. Se pretendía que la federación correspondiente subvencionara o prestara algunas embarcaciones de competición homologadas a fin de crear afición entre la población mahonesa. El apoyo resultó muy ambiguo, limitándose a facilitar todo tipo de información técnica y la dirección de los astilleros en los cuales el Club Marítimo podría adquirir las embarcaciones interesadas (modelo Yola, promocionadas por la Federación, aunque muy caras) pero, de subvención, nada de nada. Al final el Club lograría imponer su intención de que el modelo a utilizar fuera el de Batel, que resultaba bastante más económico y que, a la larga, alcanzaría altas cotas de popularidad entre los aficionados mahoneses.

Llegada de los bateles (Arch. Fotos Antiguas de Menorca)

Por su parte, la directiva continuaba llevando a cabo importantes trabajos en el adecentamiento de las instalaciones del puerto, realizando numerosos trabajos que pasaron por derribar todo lo construido y llevar adelante el proyecto del nuevo y ansiado local social.

Como es fácil suponer tales trabajos supondrán un verdadero vía-crucis para sus dirigentes al seguir careciendo de dinero en las arcas y tener que hacer frente a los préstamos recibidos para la compra del local a su anterior propietario, y verse obligados al tiempo a adquirir diversos materiales destinados a las obras que se estaban llevando a cabo en una época, la de la post-guerra, en que éstos eran sumamente escasos y resultaban excesivamente caros. La falta de cemento en unos casos y de hierro para los forjados, por otro, además de la carencia de efectivo para pagar a las empresas contratadas se irán convirtiendo poco a poco en una auténtica espada de Damocles que pesará durante larguísimo tiempo sobre la sociedad, sus asociados y los directivos que tendrán que realizar múltiples combinaciones en cada momento para salvar esta auténtica carrera de obstáculos. El Club no podía satisfacer al tiempo los vencimientos de los plazos del préstamo otorgado por la D. N. D. que intentaba por todos los medios cobrar el dinero anticipado en su momento.

Don Antonio Lliteras decidía dirigir un escrito al secretario de la F. E. de Clubs Náuticos, el Sr. Lasaosa Dilla, quien desde el primer momento había apoyado activamente la creación del Club: “Nosotros no tenemos ninguna culpa de haber creído de buena fe en el apoyo de ciertas entidades solventes que luego no lo prestaron. Nuestra situación económica no es mala y, aunque con retraso a veces, cumplimos nuestros compromisos. Nuestro activo es superior al pasivo y si liquidáramos aún sobraría dinero. Pero nuestros ingresos normales no bastan para hacer frente a ciertas obligaciones contraídas, confiando en la solvencia de tales organismos…” para continuar más adelante: “… y sería una lástima que todo se viniera abajo a causa precisamente de la Delegación Nacional. Y a esto iremos fatalmente de continuar así las cosas…

El 23 de abril de 1953 saltaba la noticia de lo que sería una indudable mejora en el servicio de comunicaciones del Club con la ciudad: la pronta instalación de una línea de autobuses que uniría el centro de la población con la del Fonduco, el popular Melis, que tanto beneficiaría a socios y simpatizantes para bajar a nadar los veranos frente al local social, así como a los residentes en magatzems y casetes de la ribera sur del puerto, o del norte tras enlazar, a su vez, con las barcas de Reynés. Con ello una simpática y muy querida página en la historia del puerto y, por qué no, del propio Club Marítimo comenzaba a escribirse. Y mientras, a finales de enero de 1956, el edificio se encontraba más o menos en la mitad de su fase de construcción.

El popular MELIS (Col. Xisco Sturla)

En su momento, el Club decidía adquirir los tres snipes pertenecientes a la Empresa Nacional Bazán, que se encontraba presta a abandonar Menorca, una vez terminados los trabajos que en su día la habían hecho instalarse en el puerto de Mahón. Los snipes eran los Binifabini, Binissaida II y Binigaus que, tras un sorteo, fueron adjudicados a los patrones don Pedro Jover, don Antonio Ferrer Bellíssimo y don Armando Carreras Sintes.

También y por estas fechas recibiría el encargo por parte de la Federación de organizar el Campeonato Nacional de Snipes ese año, lo que tendrá lugar en los primeros días de agosto.

El 13 de octubre un hecho doloroso llenaría de consternación a la población mahonesa y sobre todo del Club Marítimo: fallecía en Mallorca el presidente don Antonio Lliteras tras sufrir grave enfermedad, algo que nadie esperaba. El vicepresidente don Miguel Florit Cortiella, de acuerdo con la normativa vigente se convertía en presidente interino hasta la celebración de elecciones, lo cual tendría lugar el siguiente 9 de diciembre.

Una de las gestiones que llevaría a cabo el Sr. Florit, ya ratificado en su cargo, sería intentar obtener una ayuda para el edificio por parte del acaudalado personaje mallorquín Juan March, dirigiéndose al mismo en estos términos: “Al indicar escribiría a Vd. esta carta, me han asegurado tenía noventa y nueve probabilidades en contra y pudiérase que una a mi favor. Pues bien, he querido jugar esta única probabilidad aunque fracase pues siempre me hubiera quedado la duda de no haberlo intentado…”. Pero el poderoso accionista de la Cía. Trasmediterránea no guardaba precisamente mucha simpatía hacia Menorca y Mahón, debido a causas políticas, y por el singular recibimiento que obtuvo en su desplazamiento a ésta en busca del apoyo popular a su partido, por lo que no cabe precisar que la carta no obtuvo respuesta alguna.

Las obras continuaban muy lentamente por los motivos anteriormente expuestos y cuando transcurrían las cuatro de la tarde del 25 de enero, se producía el primer accidente por culpa del acantilado que, afortunadamente, no ocasionaría daños personales, aunque sí materiales: un desplome que arrastró enormes rocas y tierra que perforaban la pared del acantilado del salón de Fiestas, invadiendo la pista de baile. Otro gasto añadido. A finales del año anterior se habrían iniciado las obras de urbanización de la zona alta por parte del Ayuntamiento. A partir de entonces se vivirán nuevas situaciones de posibilidad de corrimiento de tierras que preocuparán a los miembros de la Junta puesto que los desplomes suponen nuevas inversiones a sumar a la precaria economía de la entidad.

El boceto del nuevo edificio del Club Marítimo (Arch. Club Marítimo)

En septiembre de 1958 se celebraba la primera edición del popular Trofeo Nacional para la clase Snipe Almirante Abárzuza, que para ser obtenido en propiedad tenía que ganarse en tres ocasiones. Se disputaron 23 ediciones, de las cuales la primera y la última fueron ganadas por el mismo patrón: el siempre recordado Bernardo Vidal Campomar quien lo lograría en un total de 9 ocasiones.

Por estas fechas se acordaría también que la Sección de Pesca pasara a denominarse de Actividades Subacuáticas y se agradecería al redactor-jefe del diario Menorca don Francisco Pons Capó la campaña de prensa que venía realizando en pro de la actividad deportiva que desempeñaba el Club.

A finales de 1961 los socios alcanzan ya el número de 916. La flota de snipes había renovado ampliamente sus tripulaciones y otros nombres se harán sumamente populares entre los amantes de la mar y la vela: Jaybe, con Bernardo Vidal y Germán Robert; Binisermenya, con Pelegrín Rita y Joaquín Comeche; Tormenta, con Domingo Natta y Miguel A. Natta; Bon Temps, de Mario Gomila y Silverio Ferrá; Milo, de Francisco Ferrer y J. Enseñat; Vendaval, de J. Martínez y J. Vidal, entre otros.

Las regatas-crucero siguen fomentando afición y organizaciones festivas por parte de los habitantes de las entonces incipientes urbanizaciones costeras cercanas. Diario Menorca tras la regata a cala Mesquida en verano del 62: “Una gran parte de la colonia ‘mesquidense’ -la más añeja de todas las colonias- se halla arracimada en los picos y en las orillas viendo la bonita entrada de los snipes. Una vez efectuadas las maniobras de atraque y amarre, las tripulaciones saltan a tierra donde en casa del popular ‘Fonso’ son obsequiadas con un aperitivo por una Comisión de Playa…”. Regata Mahón-Punta Prima: “Se consumen bocadillos kilométricos y se preparan con ilusión los barcos, a la vez que se cruzan finas palabras de humor sobre las posibilidades y aciertos de las tripulaciones…”.

Para no perder la actividad social durante los inviernos la Junta decidió alquilar el popular local denominado “El Mesón”, que se encontraba situado en Sa Ravaleta.

Y el edificio del puerto sería terminado definitivamente a principios de los setenta, aunque siempre se irían realizando modificaciones y adaptaciones al añadirse la terraza de la fachada, el salón Sur, las oficinas en la primera planta, etc. Las actividades continuarán sin pausas a pesar de todo, aunque las promesas oficiales de la dársena como tal no se llegarán a cumplir nunca. A finales de los noventa, el deterioro del edificio construido por etapas y retocado por diferentes proyectos será declarado ruinoso e infrautilizado, recomendándose su derribo y nueva construcción de acuerdo con las modernas técnicas de hoy día.

El primer edificio social completamente terminado (Arch. Club Marítimo)

Lo que ha sido la historia del Club Marítimo de Mahón desde entonces hasta nuestros días se podría sintetizar como una labor de trabajo, ilusión, sacrificio y creación de una extraordinaria y reconocida cuna de deportistas en un territorio de por sí reducido que han conseguido un gran reconocimiento tanto a la entidad, como al puerto, la ciudad y por extensión la isla que lo albergan.

Por lo que se refiere al ansiado edificio, el proyectado por Lliteras se utilizó durante varias décadas, teniendo que ser readaptado en diversas ocasiones para las necesidades modernas, si bien hasta los límites permitidos, quedando con ello numerosos rincones y espacios totalmente desaprovechados. Se tuvieron que efectuar reparaciones urgentes debido a la baja calidad de algunos materiales empleados en su momento y limitado su futuro puesto que su estructura no permitía dotarlo de otra altura que permitiera albergar nuevas actividades. Además existía el peligro de las sobrecargas al no disponer en gran parte de pilares de refuerzo, sino que se sustentaba sobre los propios tabiques y paredes maestras.

Los diversos problemas que fueron apareciendo en los últimos años habían aconsejado a la Junta a tomar la determinación, previa autorización de la masa social, de intentar construir unas instalaciones en planta completamente nueva, aprovechando toda la capacidad que ofrecía el solar, al tiempo que se reforzaría definitivamente el viejo acantilado, dispuesto en cualquier momento a dar un nuevo susto por posible desplome, como ocurriera en otros edificios cercanos.

Desplome de rocas y tierra en el salón principal (Arch. Club Marítimo)

La coyuntura de tener que concederse en Menorca un casino de juego por parte del Govern de las Illes Balears, la rápida maniobra de la Junta para encontrar a posibles interesados que pudieran aprovechar las facilidades que ofrecía el solar en el que se sustentaba el viejo edificio y muy posiblemente también el azar, hacían el resto. Hoy el Club se encuentra ubicado en un edificio de nueva planta, moderno, ágil, muy versátil y funcional, del cual utiliza dos plantas, la baja y la primera. En la baja también se encuentra ubicado el Casino Marítim que, a pesar de lo que pueda aparentar su nombre, nada tiene que ver con la veterana entidad social, salvo un contrato de inquilinato y unas muy buenas relaciones entre dos sociedades destinadas a entenderse. La planta baja también ubica las oficinas de Secretaría, los servicios, varios locales comerciales y amplias terrazas. La primera contiene la sala de juntas, el salón noble y un restaurante, además de salas de juego sociales y la escuela de enseñanzas náuticas. Y la segunda, también totalmente terminada, se encuentra en fase de estudio para su utilización en futuras y nuevas actividades.

Las instalaciones de prácticas de la Escuela de Vela, desde siempre emplazadas frente al edificio, atendiendo a lo especificado por la Autoritat Portuària en materia de seguridad para los propios alumnos, fueron trasladadas con la inauguración el nuevo edificio social hasta la explanada de servicios existente al pie de la Cuesta de Corea, donde también se encuentran las grúas para varada de embarcaciones y la estación de servicio de combustibles.

Competición de snipes con aparejado de barcos frente al Club (Arch. Club Marítimo)

Y no acaba aquí esta interesante historia. Nos vamos otra vez para atrás recordando actividades, anécdotas y cosas curiosas que fueron acaeciendo durante el paso de los años. Cabe recordar que, además de las regatas-crucero sociales que se celebraban en sus inicios tras ser heredadas de la extinguida Liga Marítima, se han venido y vienen celebrando diferentes pruebas y se disputan múltiples trofeos adaptados a todas las modalidades deportivas que han funcionado a lo largo de sus años de rica historia.

(Continuará…)

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